Metamorfosis
Metamorfosis Tales palabras despiertan la ira del cruel tirano, y un miedo no inferior a su ira. Impulsado por ambos, saca de la funda la espada que llevaba al costado, y agarrando a la muchacha por el pelo le dobla los brazos tras la espalda y la encadena por la fuerza. Filomela le presenta su garganta, pues al ver la espada ha concebido la esperanza de morir: pero él apresa con unas tenazas su lengua, que pronuncia palabras indignadas, que no deja de invocar el nombre de su padre, que lucha por hablar, y se la corta con el hierro cruel. La raíz de la lengua palpita en el fondo, mientras la punta cae y murmura convulsa sobre el suelo ennegrecido, y como suele saltar la cola de una lagartija se agita y busca en su agonía la horma de su dueña.
Dicen que también después de cometer esa atrocidad Tereo (casi no puedo creerlo) desahogó repetidamente su lujuria sobre el cuerpo martirizado de ella. Después de tales actos, aún fue capaz de regresar ante Progne, quien tan pronto como vio a su marido le preguntó por su hermana. Él emite falsos gemidos y le cuenta una muerte inventada: las lágrimas le dan credibilidad. Progne se arranca de los hombros el manto refulgente de bandas de oro, se viste de negro y, tras erigir un sepulcro vacío, ofrece sacrificios expiatorios para una sombra que no existe, y llora el triste destino de su hermana, por la que no es así como debería llorar.