Metamorfosis
Metamorfosis El Sol habÃa salido con su brillo dorado; el Euro seguÃa soplando y frenaba el retorno de los barcos. Los hijos de Palante se reúnen con Céfalo, que los superaba en edad, y juntos, Céfalo y los hijos de Palante, se dirigen a ver al rey; pero el rey aún estaba profundamente dormido. Salió a recibirlos a la puerta el eácida Foco; en efecto, Telamón y su hermano estaban reuniendo a los hombres para la guerra. Foco condujo a los cecrópidas a un agradable rincón en el interior del palacio, y se sentó con ellos. Observó que el Eólida[60] llevaba en la mano una jabalina hecha de una madera desconocida, que tenÃa la punta de oro; entonces, tras haber discurrido brevemente, en medio de la conversación dijo: «Soy buen conocedor de los bosques y de la caza, y, sin embargo, hace rato que me pregunto de qué selva habrá sido cortada el asta que tienes en la mano. Porque si fuera de fresno serÃa de color amarillento, y si fuera de cornejo habrÃa nudos en la madera; ignoro de dónde viene, pero mis ojos nunca han visto un arma arrojadiza más hermosa». Entonces intervino uno de los dos hermanos atenienses, y dijo: «Aún más que su belleza te sorprenderá su uso: alcanza cualquier cosa que persiga, pues una vez lanzada no la guÃa la casualidad, y regresa volando, ensangrentada, por sà sola, sin que nadie la arroje». Entonces sà que el joven, hijo de una nereida, quiso saberlo todo: por qué y de dónde habÃa venido, y quién habÃa sido el autor de tan fabuloso regalo. Céfalo le cuenta lo que pide, pero se ruboriza avergonzado por tener que narrar a qué precio lo obtuvo, y tocado por el dolor de la muerte de su esposa, dice asÃ, con los ojos llenos de lágrimas: «Esta arma, oh hijo de una diosa (¿quién podrÃa creerlo?), me hace llorar y todavÃa me hará llorar largo tiempo, si largo tiempo me permitirán vivir los hados: por ella me perdà yo y perdà a mi esposa; ¡ojalá no hubiese poseÃdo nunca este regalo!