Metamorfosis
Metamorfosis Mientras decía estas cosas sobrevino la noche, máxima alimentadora de las congojas, y su audacia creció con las tinieblas. Era la primera hora de reposo, en que el sueño se apodera de los corazones agotados por las preocupaciones del día. Entra silenciosa en la habitación paterna y, ¡oh delito!, la hija despoja al padre del fatal cabello, y con el infame botín en su poder huye veloz y sale de la muralla. Pasando entremedias de los enemigos (tanta es la confianza que tiene en sus méritos) llega hasta el rey: éste escucha sus palabras horrorizado: «¡Es el amor el que me ha impulsado al delito! Yo, Escila, hija del rey Niso, te entrego mi hogar y mi patria. No pido ninguna otra recompensa, sólo a ti. ¡Recibe como prueba de amor el cabello de púrpura, y piensa que lo que ahora te entrego no es un cabello, sino la cabeza de mi padre!». Y con la diestra le tendió el execrable regalo.