Metamorfosis
Metamorfosis Los compañeros manifiestan su alegría con gritos de felicidad, tratan de estrechar con su diestra la diestra del vencedor, y observan con admiración la terrible fiera y el gran espacio de tierra que recubre su cuerpo; y todavía les parece que es peligroso tocarla, pero todos tiñen sus armas en la sangre. Él apoyó el pie sobre la tremenda cabeza y dijo así: «¡Toma, Nonacria[37], los trofeos que por derecho me corresponden a mí, y que recaiga sobre ti una parte de mi gloria!», y seguidamente le entregó los despojos: la piel del lomo, hirsuta de duras cerdas, y el hocico, en el que sobresalían los colmillos. Ella se alegró tanto del autor del regalo como del regalo mismo. Los demás, en cambio, sintieron envidia, y un murmullo recorrió a todos los presentes; entre ellos los Testíadas, tendiendo los brazos, exclamaron con grandes voces: «¡Suéltalo, mujer, aléjate y no te apoderes de la gloria que nos corresponde! ¡Y no te engañes confiando en tu belleza: de nada te servirá tu enamorado defensor!». Y le quitan a ella el regalo y a él sus derechos sobre el mismo. El protegido de Marte[38] no pudo soportarlo, y rugiendo con creciente ira, dijo: «¡Ahora aprenderéis, ladrones de triunfos ajenos, cuánto se diferencian las amenazas de los hechos!», y atravesó con hierro impío el pecho de Plexipo, que no se lo esperaba en absoluto. A Toxeo, que dudaba cómo reaccionar, pues a la vez deseaba vengar a su hermano y temía correr su misma suerte, no le dejó dudar mucho, y volvió a calentar con la sangre del hermano la lanza aún caliente por el primer asesinato.