Metamorfosis
Metamorfosis Había terminado de hablar, y una de las sirvientas, una ninfa con la túnica recogida al modo de Diana y los cabellos que caían a ambos lados de su cara, entró llevando en el cuerno de la abundancia todos los frutos del otoño, y como postre, ricas frutas.
Se hizo de día, y cuando los primeros rayos de sol herían las cumbres los jóvenes se marcharon. No aguardaron a que el río bajara tranquilo y a que toda el agua fluyera con placidez; el Aqueloo sumergió en medio de las olas su rústico rostro y su cabeza mutilada con el cuerno arrancado.
Sin embargo, aunque abatido por el menoscabo sufrido por su aspecto, por lo demás Aqueloo está incólume, y además, el daño sufrido en su cabeza se puede ocultar bajo unas ramas de sauce o una corona de cañas. Pero a ti, feroz Neso[8] la pasión por esa misma doncella te perdió, atravesado por la espalda por una flecha voladora.