Metamorfosis

Metamorfosis

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»Puesto que era inferior en fuerzas, recurrí entonces a mis artes y me sustraje a él transformándome en una larga serpiente. Al verme enroscar mi cuerpo en sinuosos anillos y agitar mi lengua bífida con fieros silbidos él rompió a reír y, burlándose de mis poderes, exclamó: “Vencer serpientes es algo que ya hacía en la cuna[5], y aunque tú, Aqueloo, seas mayor que los demás dragones, ¿qué eres tú, una semilla de serpiente, comparado con la Hidra de Lerna[6]? Aquélla renacía de sus propias heridas, y no había una sola de sus cien cabezas que se pudiera cortar impunemente sin que el cuello saliera reforzado por otras dos. A ésta que a cada corte crecía y se ramificaba con nuevas serpientes yo la vencí, y después de vencerla la quemé. ¿Qué crees que vas a hacer, tú que transformado en serpiente blandes armas que no son tuyas, tú que te ocultas bajo una forma pasajera?”. Así dijo, y con sus dedos me agarró por la parte alta del cuello como si fueran una soga: yo me ahogaba, como si una tenaza me apresara la garganta, y luchaba por liberar mis fauces de sus pulgares. Vencido también de esa guisa, me quedaba la tercera forma, la de fiero toro: con mis miembros transformados en los de un toro, reemprendo el combate. Él envuelve con sus brazos mi musculoso cuello desde el lado izquierdo, tira de mí y se deja arrastrar mientras me lanzo a la carrera, y humillando mis duros cuernos los clava en el suelo y me derriba en medio de una nube de polvo. Pero no le bastó con eso: mientras se aferra con la diestra cruel a mi rígido cuerno, lo rompe y lo arranca, mutilando mi frente. Las náyades lo consagraron, llenándolo de frutas y de flores perfumadas y gracias a mi cuerno es rica la Buena Abundancia[7]».


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