Metamorfosis
Metamorfosis Cuando Temis, conocedora del futuro, hubo pronunciado estas palabras con su boca profética, los dioses empezaron a refunfuñar entre ellos, y murmurando se preguntaban por qué no era lícito conceder el mismo don también a otros. La Palántide[40] se queja de que su esposo[41] está viejo, la benévola Ceres se queja de que Iasión ya está canoso, Múlciber[42] pide que a Erictonio se le permita volver a nacer, y también Venus se preocupa por el futuro, y pide que se rejuvenezcan los años de Anquises. Todos los dioses tienen a alguien a quien favorecer; los intereses de cada uno hacen crecer un turbulento tumulto, hasta que Júpiter interviene y dice: «Oh dioses, si es que todavía me guardáis algún respeto, ¿hacia dónde os precipitáis? ¿Acaso hay alguno que se considere tan poderoso como para vencer al destino? Por voluntad de los hados ha regresado Iolao a los años que vivió, por voluntad de los hados deberán rejuvenecer los hijos de Calírroe, y no por la ambición o por las armas. También a vosotros y, para que lo aceptéis con ánimo más paciente, también a mí me gobierna el destino. Si yo tuviese poder para cambiarlo, los años de la vejez no encorvarían a mi Éaco[43], y Radamanto[44] estaría para siempre en la flor de la edad junto con mi Minos, a quien ahora desprecian por el amargo peso de la vejez, y ya no reina con el mismo prestigio que antes».