Metamorfosis

Metamorfosis

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El ejemplo de Biblis demuestra cómo las muchachas deben amar sólo lo que está permitido. Biblis, apasionadamente enamorada de su apolíneo hermano, no le amó como una hermana a un hermano, sino como no debía amarle. Al principio, en realidad, ella no se da cuenta de la llama que arde en su corazón, no cree pecar cuando le besa, un poco demasiado a menudo, o rodea con sus brazos el cuello fraterno, y durante mucho tiempo se engaña a sí misma con la apariencia de un falso amor fraternal. Pero poco a poco el amor se va desviando, y va a ver a su hermano cuidadosamente ataviada, demasiado preocupada por parecer hermosa, y si hay allí alguna más hermosa que ella siente envidia. Pero aún no es consciente de lo que le sucede y no hace ningún voto bajo aquella llama; sin embargo, por dentro arde. Y ya le llama señor, ya odia los nombres que indican parentesco: prefiere que la llame Biblis a que la llame hermana. No obstante, no osa entregar su mente a pensamientos obscenos cuando está despierta. Cuando está abandonada a un plácido sueño muchas veces ve lo que ama, también le parece que se une al cuerpo de su hermano, y aunque yace dormida, se ruboriza. El sueño desaparece: ella permanece callada largo tiempo, recordando para sus adentros las imágenes del sueño y con la mente confusa profiere estas palabras: «¡Desdichada de mí! ¿Qué es lo que significa esta visión de la silenciosa noche, que preferiría que nunca se viese cumplida? ¿Por qué he tenido este sueño? Él, desde luego, es bello hasta para unos ojos hostiles, y me gusta, y si no fuese mi hermano podría amarle, y sería digno de mí; realmente me perjudica ser su hermana. Pero mientras yo no intente llevar a cabo nada semejante cuando estoy despierta, ¡que vuelva este sueño cuantas veces quiera con las mismas imágenes! En los sueños faltan los testigos, pero no falta el placer, aunque imaginario. Por Venus y por el alado Cupido junto a su tierna madre, ¡qué gran gozo he probado!, ¡qué manifiesto deleite se ha apoderado de mí!, ¡cómo he yacido entregándome hasta la médula! ¡Cómo me gusta recordarlo! Aunque el placer ha sido demasiado breve, y la noche, envidiosa de lo que hacíamos, demasiado veloz. Si me fuera posible unirme a ti bajo otro nombre, ¡qué buena nuera podría ser, oh Cauno, para tu padre! ¡Qué buen yerno podrías ser, oh Cauno, para mi padre! ¡Ojalá los dioses hicieran que lo tuviéramos todo en común, menos nuestros antepasados! Me gustaría que tú fueses más noble que yo. En cambio, así, bellísimo Cauno, harás madre quién sabe a quién, mientras que para mí, que por desgracia he recibido en suerte los mismos padres que tú, no serás más que un hermano. ¡Lo que nos obstaculiza, eso será lo único que tengamos en común! Pero entonces, ¿qué significado tienen mis visiones?, ¿qué peso tienen esos sueños? Porque ¿tienen los sueños algún peso? ¡Confiemos en lo mejor, oh dioses! Claro que los dioses sí que han poseído a sus hermanas. Así, Saturno tomó a Ops, con quien le unían lazos de sangre; Océano tomó a Tetis, y el rey del Olimpo a Juno. Pero los dioses tienen sus propias leyes. ¿Por qué intento comparar las costumbres de los hombres con las normas del cielo, que son diferentes? O borro esta pasión prohibida de mi corazón, o, si no lo consigo, ¡ojalá muera yo antes, y muerta me compongan en el lecho, y allí tendida reciba los besos de mi hermano! Por otra parte, es un asunto que requiere la voluntad de ambos. Supongamos que a mí me agrada la idea: a él podría parecerle una atrocidad. Sin embargo, los hijos de Bolo no temieron casarse con sus hermanas[45]. Pero ¿de qué los conozco yo a ellos? ¿Por qué estoy sacando estos ejemplos? ¿Adónde estoy yendo? ¡Marchaos lejos de aquí, llamas obscenas, y no ame yo a mi hermano sino como se le permite a una hermana! No obstante, si él hubiese sido el primero en enamorarse de mí, tal vez yo habría podido ceder a su ardor. Entonces, puesto que yo no le habría rechazado si él me hubiese buscado, ¿debería ser yo quien le buscara a él? ¿Podrás hablar? ¿Podrás decírselo? ¡Sí, obligada por el amor, podré! ¡O, si el pudor frena mi boca, será una carta secreta la que le desvele mi oculta pasión!».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker