Metamorfosis
Metamorfosis La diosa pareció mover su altar (y de hecho lo movió), las puertas del templo, temblaron, brillaron unos cuernos que imitaban los de la Luna, y crepitó el sonoro sistro. Feliz por el fausto presagio, aunque no del todo segura, la madre abandona el templo: Ifis la acompaña y la sigue, con pasos más largos de lo habitual; tampoco el candor de su semblante es el mismo, su fuerza aumenta, el mismo rostro es más duro y la longitud de sus cabellos sin ornato es menor, y su vigor es mayor que el que tenía cuando era una hembra. En efecto, mientras hace poco eras una mujer, ahora eres un muchacho. ¡Llevad ofrendas al templo, alegraos sin incertidumbres!
Llevan ofrendas al templo, y añaden también una inscripción. La inscripción tenía un breve verso: «Ifis cumple como hombre los votos que hizo como mujer». Al día siguiente, la luz había descubierto con sus rayos el vasto mundo, cuando Venus, Juno e Himeneo se reunieron ante el altar nupcial, y el joven Ifis tomó a su Iante.