Metamorfosis
Metamorfosis Desde allí, envuelto en su manto color azafrán, Himeneo se alejó por el cielo inmenso y se dirigió a la tierra de los cícones[1], donde en vano era invocado por la voz de Orfeo. Porque él acudió, sí, pero sin las palabras rituales, sin alegría en el rostro ni presagios felices; incluso la antorcha que llevaba chisporroteó hasta el final con un humo que hacía llorar los ojos, y aunque la agitaran no produjo llama alguna. El desenlace fue aún más grave que el auspicio; en efecto, un día, cuando la recién casada[2] paseaba por un prado acompañada por un grupo de náyades, murió al ser mordida en el talón por una serpiente.