Metamorfosis
Metamorfosis Orfeo se quedó paralizado ante esa segunda muerte de su esposa, igual que aquél que vio, lleno de terror, los tres cuellos del perro, el del medio asido por una cadena, y que no perdió el miedo sino con su propia naturaleza, puesto que una roca ocupó todo su cuerpo; o como Oleno, que se atribuyó el delito y quiso pasar por culpable, y tú, desdichada Letea, demasiado engreída por tu belleza: fuisteis una vez corazones unidísimos, y ahora sois piedras que sostiene el húmedo Ida. Suplicó, inútilmente intentó volver a cruzar, pero el barquero[9] no se lo permitió. A pesar de todo, durante siete días permaneció sentado en la orilla, desaliñado, sin probar los frutos de Ceres: la pena, el dolor y las lágrimas fueron su alimento. Tras lamentarse de la crueldad de los dioses del Érebo, se retiró al elevado Ródope y al Hemo, azotado por el Aquilón.
El Sol había puesto fin al tercer año en el signo de los acuáticos Peces, y Orfeo había rehuido todo amor femenino, bien por el daño que le había causado, bien porque hubiese hecho un voto; sin embargo, muchas ansiaban unirse al poeta, y muchas sufrieron un doloroso rechazo. Es más, él fue quien indujo a los pueblos de Tracia a dirigir el amor hacia tiernos varones, y a recoger las primeras flores y la breve primavera de la edad que precede a la juventud.