Metamorfosis

Metamorfosis

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Había una colina, y sobre la colina, un campo completamente llano que la hierba de un prado cubría de verde. No había sombra en aquel lugar: cuando el poeta hijo de dioses[10] se sentó allí e hizo vibrar las sonoras cuerdas, a aquel lugar vino la sombra. No faltó el árbol de Caonia ni el bosque de las Helíades[11], no faltaron la encina de alta copa ni los flexibles tilos, ni el haya ni el virgen laurel, y los frágiles avellanos, y el fresno, bueno para hacer lanzas, el abeto sin nudos y la encina curvada por el peso de las bellotas, el festivo plátano y el arce de desigual color, los sauces y los acuáticos lotos, ambos habitantes de los ríos, el boj siempre verde y las tenues tamarices, el mirto bicolor y el sauquillo de bayas azuladas. También vosotras vinisteis, hiedras de retuerto pie, y las vides con sus pámpanos junto a los olmos envueltos en vides, los quejigos y las piceas, el madroño cargado de rojos frutos, la esbelta palmera, trofeo de vencedores, y el pino de cima hirsuta con la copa recogida hacia arriba, grato a la madre de los dioses, puesto que Atis, amado por Cibeles, se despojó de su figura de hombre cambiándola por la de pino, y se endureció en su tronco.





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