Metamorfosis
Metamorfosis Era ya noche avanzada, y el sueño había relajado los cuerpos y las preocupaciones. Pero la hija de Cíniras permanece en vela, consumida por un fuego indomable, agita en su mente sus incontenibles deseos, y unas veces se desespera, otras desea intentarlo, se avergüenza, lo desea, y no encuentra una solución. Igual que cuando un tronco enorme es herido por el hacha, y a falta del último golpe, no se sabe hacia dónde va a caer y en todas partes hay temor, su ánimo oscila vacilante aquí y allá, quebrantado por distintas heridas, y toma impulso hacia ambos lados. Y no halla otro alivio para su amor más que la muerte; sí, la muerte es buena idea. Se levanta, decide atarse un lazo a la garganta, y atando a una viga el cordón que ceñía su cintura, dice: «¡Adiós, amado Cíniras; espero que entiendas la causa de mi muerte!», y empieza a colocarse el nudo alrededor del pálido cuello.