Metamorfosis
Metamorfosis Así que ella le advirtió, y tras uncir a sus cisnes emprendió el camino por el cielo. Pero la bravura es contraria a los consejos. Los perros, por casualidad, siguiendo unas huellas que se veían claramente, habían sacado de su escondrijo a un jabalí, y el joven hijo de Cíniras lo atravesó con un golpe sesgado cuando se aprestaba a salir de entre los arbustos. Inmediatamente, el fiero jabalí se arrancó con el corvo hocico el venablo teñido en su propia sangre y se lanzó tras el joven que, temblando, buscaba refugio, y hundiéndole por entero los colmillos en la ingle le hizo caer, moribundo, sobre la rubia arena. Venus, transportada por el aire en su ligero carro tirado por alas de cisnes, todavía no había llegado a Chipre: desde lejos reconoció el gemido del moribundo, e hizo virar hacia allí a las blancas aves. Cuando desde las alturas vio el cuerpo exánime que se retorcía en su propia sangre, saltó del carro y a la vez se desgarró la ropa y los cabellos, y se golpeó el pecho con manos indignas de tal acto. Y quejándose de los hados, dijo: «Pero no todo caerá en vuestro poder. Quedará para siempre un testimonio de mi dolor, Adonis, y la escena de tu muerte se repetirá, escenificando cada año una representación de mi sufrimiento[36]. Y la sangre se transformará en flor. ¿O es que si a ti un día se te permitió, Perséfone, mudar femeninos miembros en perfumada menta[37], a mí se me va a prohibir que transforme al héroe hijo de Cíniras?». Tras decir estas palabras, esparció néctar perfumado sobre la sangre, que al contacto empezó a hincharse, como cuando surge en el barro, bajo la lluvia, una burbuja transparente. Y no había pasado una hora entera cuando de la sangre brotó una flor del mismo color que tienen habitualmente las granadas, que tantos granos esconden bajo su flexible cáscara. Su vida, sin embargo, es breve: en efecto, mal adherida a la tierra y frágil por su excesiva ligereza, es arrancada por los mismos vientos que le prestan su nombre[38].