Metamorfosis

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Así pues, Peleo, eras feliz con tu hijo, feliz con tu esposa, y todo te había salido bien, si exceptúas el crimen de haber degollado a Foco[24]. Manchado de sangre fraterna y expulsado de la casa de su padre, Peleo llega a la tierra de Traquis[25]. Allí, sin violencia y sin muertes, reinaba Ceix, hijo del Lucífero, que tenía en el rostro el resplandor de su padre, aunque en aquellos días, triste e irreconocible, lloraba la pérdida de su hermano. Y allí llegó el Eácida, abatido por su crimen y fatigado por el viaje, y entró en la ciudad acompañado de unos pocos, después de haber dejado los rebaños de ovejas y el ganado que traía en un oscuro valle no lejos de las murallas; obtenida licencia para presentara ante el tirano, llevando ante sí con mano suplicante un ramo envuelto en cintas de lana, refirió quién era y de quién era hijo. Sólo ocultó su crimen y mintió sobre la razón de su marcha; pidió que le ayudaran, permitiéndole que se asentara en la ciudad o en los campos. En respuesta, el rey traquinio le dirigió estas palabras con plácido semblante: «Nuestras comodidades están al alcance también de la gente común, Peleo, y el nuestro no es un reino inhóspito. A esta disposición nuestra tú le añades poderosas razones: un nombre ilustre y Júpiter como abuelo. Así que no pierdas el tiempo suplicando: lo que quieras lo tendrás, y puedes considerar tuyo todo lo que ves. ¡Ojalá lo que vieras fuese mejor!». Y empezó a llorar. Peleo y sus compañeros le preguntaron cuál era la causa de tanto dolor, y él les contestó:


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