Metamorfosis

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«Tal vez creáis que esa ave que vive de la rapiña y es temida por todos los demás pájaros siempre tuvo plumas: pues bien, antes fue un hombre, y tanta es la perseverancia del carácter, que ya entonces era impetuoso y fiero en la batalla, e inclinado a la violencia; su nombre era Dedalión, hijo de aquél que llama a la Aurora y abandona el cielo en último lugar[26]. Yo siempre he cultivado la paz, mi preocupación ha sido cuidar de la paz y de la familia; a mi hermano, en cambio, le gustaba la feroz guerra. Reyes y pueblos fueron subyugados por su valor, ese mismo valor que ahora, transformado, hostiga a las palomas de Tisbe[27]. Tenía una hija, Quíone, que, dotada de enorme belleza y estando en edad de matrimonio, con catorce años, tenía mil pretendientes. Un día, por casualidad, Febo y el hijo de Maya[28] estaban regresando aquél de su Delfos y éste de la cima del Cilene, cuando los dos a la vez la vieron, y a la vez se enamoraron. Apolo retrasó la esperanza de amarla hasta la noche, pero Mercurio no soportaba la espera, y tocó la boca de la virgen con su bastón que infunde el sueño. Ella yace vencida por el mágico toque y es forzada por el dios. La noche había salpicado el cielo de estrellas: Febo simula la apariencia de una anciana y toma el placer que ya le había sido arrebatado. Cuando el vientre estuvo maduro y se hubo cumplido el tiempo necesario, de la estirpe del alípede[29] nació un astuto vástago, Autólico, hábil para toda clase de travesuras, que solía hacer de lo blanco negro y de lo negro blanco, digno heredero de las artimañas paternas; de Febo, pues Quíone había parido gemelos, nació Filamón, insigne en el canto y en la cítara. Pero ¿de qué le sirvió haber parido dos gemelos y haber gustado a dos dioses, y ser hija de un padre fuerte y nieta de un abuelo de refulgente cabellera? ¿Acaso no ha perjudicado la gloria también a muchos otros? A ella, desde luego, la perjudicó; en efecto, ella sostuvo que era superior a Diana, y criticó el aspecto de la diosa. Aquélla, entonces, fue presa de una violenta ira y dijo: “¡Pero mis actos sí te gustarán!”. Sin titubear, curvó el arco de cuerno e impulsó la flecha con la cuerda, atravesando con su saeta la lengua culpable de Quíone. La lengua calla, las palabras que intenta pronunciar no encuentran voz, y mientras trata de hablar, la vida la abandona junto con la sangre. Yo entonces, desdichado, sufrí en mi corazón, abrazándola, el dolor de un padre, y dije a mi hermano palabras de consuelo. Pero el padre de Quíone las escucha igual que escuchan las rocas el murmullo del mar, y llora a la hija que le ha sido arrebatada. Cuando la ve arder, cuatro veces siente el impulso de arrojarse a la pira, y cuatro veces retenido huye fuera de sí, semejante a un novillo que llevase clavados en el cuello los aguijones de los tábanos, y se lanza a la carrera por donde no hay camino. Ya entonces me pareció que corría más que un hombre, y habrías dicho que le habían salido alas en los pies. Así pues, escapa a todos nosotros, y con la velocidad que le da el deseo de morir alcanza la cumbre del Parnaso. Cuando Dedalión se arrojó desde la cima de la roca, Apolo, apiadándose de él, lo transformó en pájaro, y mientras caía lo sostuvo sobre unas repentinas alas, le dio un pico encorvado, le dio garras como garfios, el mismo valor que antes y mayor fuerza en el cuerpo. Y ahora es un gavilán, con todos despiadado, con todas las aves se ensaña, y en su dolor causa dolor a los demás».


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