Metamorfosis
Metamorfosis Un anciano los observa mientras sobrevuelan juntos el vasto mar, y alaba el amor que conservaron hasta el final. Otro cerca de él, o tal vez él mismo, dijo: «También éste que ves aquí, que recorre las aguas llevando las patas encogidas», y señalaba a un somormujo de largo cuello, «es de estirpe real. Son (si quieres llegar hasta él por orden de sucesión), son sus antepasados Ilo y Asáraco, Ganímedes raptado por Júpiter y el anciano Laomedonte, y Príamo, que ha reinado en Troya en estos últimos tiempos. Era éste hermano de Héctor, y si no hubiese sido objeto de un extraño destino en su primera juventud, tal vez no tendría menos renombre que Héctor, aunque aquél había nacido de la hija de Dimas[44], mientras que Ésaco, según dicen, fue parido furtivamente por Alexírroe, hija del bicorne Granico[45], a los pies del umbroso Ida. Ésaco odiaba las ciudades y habitaba lejos de los suntuosos palacios, en los montes apartados y en los humildes campos, y no iba a Troya a las asambleas sino en raras ocasiones. Sin embargo, no tenía un corazón insensible al amor e inexpugnable, y un día vio a Hesperia, a la que a menudo había acechado por todo el bosque, que a la orilla del Cebrén, su padre, se estaba secando al sol los cabellos que caían sobre sus hombros. Al ser vista la ninfa huye, igual que una cierva aterrorizada por un lobo de rojizo pelaje o que un pato de río sorprendido por el gavilán lejos del cañizal. El troyano la persigue y la acosa con la velocidad del amor, mientras ella huye con la velocidad del miedo. Cuando he aquí que una serpiente oculta entre la hierba clavó sus curvados dientes en el pie de la fugitiva, inyectándole en el cuerpo su veneno. Junto con la vida terminó también la fuga. Fuera de sí, Ésaco abraza su cuerpo exánime y grita: “¡Me arrepiento, me arrepiento de haberte perseguido! Pero no era esto lo que yo esperaba ni quería ganar a este precio. Entre dos, desdichada, hemos provocado tu perdición: la serpiente causó la herida, yo la oportunidad. Yo soy más culpable que ella, y te ofreceré mi muerte como consuelo de la tuya”. Así dijo, y saltó al mar desde un acantilado que las roncas olas roían a la base. Tetis se apiadó y lo recogió suavemente cuando caía, y mientras nadaba en el mar lo cubrió de plumas; la desea da muerte no le fue concedida. El enamorado se indigna al ver que se le obliga a vivir en contra de su voluntad, y que a su alma, deseosa de salir de su triste sede, se le impide hacerlo; y con las nuevas alas que habían recubierto sus hombros se alza en vuelo y otra vez lanza su cuerpo contra las aguas. Las plumas amortiguan la caída. Ésaco se enfurece y se sumerge de cabeza en las profundidades, y una y otra vez busca sin cesar el camino hacia la muerte. Fue el amor la causa de su delgadez: largas son las patas entre las articulaciones, largo sigue siendo el cuello, la cabeza está lejos del cuerpo. Ama el agua, y su nombre le viene de que se sumerge en ella[46]».