Metamorfosis
Metamorfosis »También puedo ver todavÃa ante mis ojos a aquél que habÃa unido, anudándolas entre ellas, las pieles de seis leones, protegiendo con ellas a la vez al hombre y al caballo: Feócomes; éste, arrojando un tronco que a duras penas habrÃan podido mover dos yuntas de bueyes, descalabra a Téctafo, hijo de Oleno, alcanzándole en lo alto de la cabeza. Reventada la amplia redondez de la cabeza, el blando cerebro fluye por la boca y por la hueca nariz, por los ojos y por las orejas, como cuela la leche cuajada por un entramado de encina, o como mana el mosto prensado entre las mallas de un cedazo, goteando denso por los agujeros. Pero yo, cuando se disponÃa a despojar de sus armas al cadáver (bien lo sabe tu padre), hundà mi espada en el bajo vientre del ladrón. También Ctonio y Teléboas cayeron abatidos por mi espada; el primero empuñaba una rama bifurcada, el segundo, una jabalina: con la jabalina me hizo una herida. Puedes ver la marca, todavÃa se aprecia la vieja cicatriz que me hizo. Entonces es cuando debÃan haberme enviado a conquistar Pérgamo[20], en ese momento habrÃa podido, si no superar, por lo menos mantener a raya las armas de Héctor con las mÃas. Pero en aquellos tiempos Héctor no existÃa o era un niño, y ahora a mÃ, con la edad, me faltan las fuerzas.