Metamorfosis
Metamorfosis El dios de Delos lo aprueba, y secundando el deseo de su tío y el suyo propio, alcanza las filas de los troyanos envuelto en una nube, y en medio de la carnicería ve a Paris, que de vez en cuando disparaba una flecha contra algún argivo desconocido. Revelándose a él, el dios le dice: «¿Por qué malgastas tus flechas con sangre plebeya? ¡Si sientes alguna preocupación por los tuyos, vuélvete contra el Eácida y venga a tus hermanos caídos!». Así dijo, y mostrándole al Pelida que abatía con su espada los cuerpos de los troyanos, volvió el arco de Paris contra él, y con su diestra mortal dirigió una flecha infalible.
Si el viejo Príamo pudo alegrarse de algo tras la muerte de Héctor, fue de esto. Así pues, Aquiles, que había vencido a tantos, fue derrotado por el cobarde raptor de una esposa griega. Pues bien, si tenías que caer víctima de afeminadas manos, habrías preferido morir bajo el hacha del Termodonte[25]. Y ya aquél que fue el terror de los frigios, gloria y defensa del nombre pelasgo, jefe insuperable en el campo de batalla, Aquiles, había ardido: el mismo dios que le había dado las armas le consumió en el fuego[26]. Ya está reducido a cenizas, y del tan ilustre Aquiles queda apenas lo suficiente para llenar una pequeña urna. Pero su gloria está viva y llena el mundo entero. Ésta es la medida que corresponde a aquel hombre, y en ella el Pelida es igual a sí mismo, y no siente el vacío del Tártaro.