Metamorfosis
Metamorfosis El hijo de Neleo pronunció estas palabras con rostro amable, y tras el discurso del anciano volvieron a tomar vino, don de Baco, y se levantaron de la mesa; el resto de la noche la dedicaron al sueño.
Pero el dios que gobierna con su tridente las olas del mar se dolía en su corazón de padre por su hijo transformado en el ave querida a Faetón[22], y lleno de odio hacia el cruel Aquiles, abriga una ira implacable, más de lo ordinario. Y cuando la guerra ya se había prolongado casi diez años, incita al intonso Esminteo[23] con estas palabras: «Oh tú, el más querido, con mucho, entre los hijos de mi hermano, que conmigo alzaste las vanas murallas de Troya, ¿es que no gimes al mirar esa fortaleza que está a punto de caer? ¿No te llenan de dolor los tantos miles de hombres que han muerto defendiendo sus muros? ¿Acaso, por no nombrarlos a todos, no te viene a la mente la sombra de Héctor, arrastrado alrededor de las murallas de su Pérgamo[24]? Mientras que, por el contrario, el despiadado Aquiles, más sanguinario que la misma guerra, destructor de nuestra obra, sigue vivo. ¡Que se presente ante mí: le haré sentir lo que puedo hacer con mi lanza de tres puntas! ¡Pero puesto que no se me permite enfrentarme a mi enemigo cuerpo a cuerpo, aniquílalo tú, cuando esté desprevenido, con una flecha oculta!».