Metamorfosis
Metamorfosis En su inmensa tortura, a Io sólo le quedaba llegar hasta ti, oh Nilo; cuando llegó cayó de rodillas en la orilla, y echando el cuello hacia atrás, pues era todo lo que podía hacer, y alzando el rostro hacia las estrellas, pareció que con sus gemidos, sus lágrimas y sus lastimeros mugidos se lamentaba ante Júpiter y le pedía que pusiera fin a sus males. Entonces el dios, rodeando con sus brazos el cuello de su esposa, le rogó que pusiera término por fin a sus penas, y añadió: «Olvida tus miedos en el futuro: ella nunca volverá a causarte ningún dolor», y ordenó a la laguna Estigia[70] que escuchara su promesa.
Una vez apaciguada la diosa, Io recupera su aspecto anterior y vuelve a convertirse en lo que era: las cerdas desaparecen de su cuerpo, los cuernos van disminuyendo de tamaño, la cuenca del ojo se vuelve más pequeña, el hocico se retrae, vuelven los hombros y las manos, y las pezuñas se desvanecen, abriéndose en cinco dedos. Nada queda en ella de su forma bovina salvo el candor: la ninfa se levanta, feliz de poder utilizar de nuevo sus dos pies, y tiene miedo de hablar, pues teme mugir como una novilla, pero tímidamente vuelve a usar las palabras que por un tiempo había perdido. Ahora es una diosa famosísima a quien adoran las muchedumbres vestidas de lino[71].