Metamorfosis

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Pero la Aurora no tiene tiempo para conmoverse por las calamidades y el fin de Troya y de Hécuba, aunque había estado de parte de sus tropas. Una pena más cercana, un luto familiar afligía a la diosa: la muerte de Memnón[40], a quien su madre, la diosa anaranjada, había visto morir en los campos de Frigia bajo la lanza de Aquiles. Lo vio, y el color con el que se enrojecen las horas de la mañana palideció, y el cielo quedó oculto bajo una capa de nubes. Pero la madre no pudo soportar la vista de su cuerpo colocado sobre el fuego de la pira, y con los cabello s sueltos, así como estaba, no le pareció indigno postrarse de rodillas ante el gran Júpiter y añadir a sus lágrimas estas palabras: «Aunque inferior a todas las diosas que habitan en el dorado cielo, pues hay poquísimos templos dedicados a mí repartidos por el mundo, como diosa he venido, pero no para que me des santuarios, días en los que se me ofrezcan sacrificios y altares calentados por el fuego; no obstante, si te pararas a considerar cuál es el servicio que te presto, aunque mujer, cuando al nacer el día guardo los confines de la noche, reconocerías que deberías darme una recompensa. Pero no es eso lo que aflige a la Aurora, ni se halla en condición de pedir los honores que merece. Vengo privada de mi Memnón, que sin fruto empuñó con valor las armas en favor de su tío[41], y en su primera juventud cayó, así lo quisisteis, a manos del fuerte Aquiles. ¡Concédele, te lo ruego, algún honor que le consuele en su muerte, oh supremo señor de los dioses, y alivia el dolor de su madre!».


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