Metamorfosis
Metamorfosis Clímene, no se sabe si más airada por los ruegos de Faetón o por la acusación que se le imputaba, alzó los dos brazos hacia el cielo, y mirando al astro del sol exclamó: «Por el espléndido fulgor de estos rayos resplandecientes que ahora nos observa y nos escucha, yo te juro, hijo, que has nacido de este Sol al que miras, de este Sol que calienta el mundo. ¡Que él mismo me niegue la facultad de verlo y que sea ésta la última luz que llegue a mis ojos, si es que miento! Además, no te costará mucho ir a conocer la región en que habita: su morada, de donde nace, limita con nuestro país. Si realmente lo deseas, ve y pregúntaselo a él mismo». En seguida se enciende Faetón con las palabras de su madre y ya piensa en el cielo, y tras cruzar Etiopía y la India que yace bajo el fuego celeste, se dirige lleno de brío hacia el lugar de donde nace su progenitor.