Metamorfosis

Metamorfosis

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Libro decimocuarto

Y ya el euboico habitante del hinchado mar[1] había dejado atrás el Etna, que recubre la boca del gigante[2], y los campos de los Cíclopes, que desconocen los rastrillos y el uso del arado, y nada le deben a los bueyes uncidos; había dejado atrás también Zancle y frente a ella las murallas de Regio, y el estrecho que hace naufragar a los barcos, y que, encerrado entre las costas de Ausonia y de Sicilia, marca la frontera entre ambas tierras. Desde allí, deslizándose con grandes brazadas por el vasto mar Tirreno, Glauco llega a los herbosos cerros y a la morada, llena de los más variados animales, de Circe, la hija del Sol. Cuando la vio, tras dar y recibir un saludo, dijo: «¡Oh diosa, te lo ruego, ten piedad de un dios! En efecto, sólo tú puedes aliviar, si me consideras digno, este amor. Nadie, Titánide, sabe cuánto poder tienen las hierbas mejor que yo, que fui transformado por ellas. Pero para que sepas cuál es la razón de mi violenta pasión: en una playa de Italia, frente a las murallas de Mesenia, he visto a Escila. Me da vergüenza repetirte las promesas, las súplicas, las lisonjas y todas las palabras que ella despreció; pero tú, si los conjuros tienen algún poder, pronuncia un conjuro con tus sagrados labios, o, si las hierbas son más eficaces, sírvete de la probada virtud de alguna hierba poderosa. Y no te digo que me cures a mí ni que sanes esta herida; no necesito que le pongas fin: ¡que sienta ella también su parte de este fuego!». Y Circe (pues ninguna tiene una naturaleza más propensa a sentir estas llamas, ya sea que la causa esté en ella misma, ya que lo haya provocado Venus, ofendida por la delación de su padre[3]) le dice estas palabras: «Mejor sería que pretendieses a una que estuviera dispuesta, que lo deseara, que estuviera poseída por la misma pasión. Es más, tú eras digno de que te rogaran a ti, y sin duda podría haber sido así; es más, si concedes esperanzas, créeme, te rogarán. Y para que no lo dudes y tengas confianza en tu belleza, pues bien, yo, que soy una diosa, que soy hija del brillante Sol, que tengo tanto poder con los encantamientos como con las hierbas, deseo ser tuya. Desprecia a la que te desprecia, corresponde a la que te pretende y dale a ambas lo que merecen en una sola vez». Así le tentaba Circe, pero Glauco respondió: «Crecerán ramas en el mar y algas en las montañas antes de que yo, estando viva Escila, cambie el objeto de mi amor».


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker