Metamorfosis
Metamorfosis Macareo había acabado de hablar. Mientras tanto, la nodriza de Eneas, sepultada en una urna de mármol, ya tenía un breve epitafio sobre su tumba: «Aquí mi pupilo, de conocida bondad, me incineró a mí, Cayeta, con el fuego debido, tras salvarme del fuego de los argivos». Sueltan las amarras atadas al herboso terraplén, y lejos de las insidias, dejan atrás la morada de la impopular diosa y se dirigen hacia los bosques en los que el Tíber, oscurecido por nieblas y sombras, se precipita hacia el mar arrastrando sus rubias arenas. Eneas consigue llegar a la casa de Latino, hijo de Fauno[25], y consigue también a su hija[26], aunque no sin lucha: se entabla una feroz guerra con un pueblo belicoso, y Turno[27] se enfurece por la novia prometida. Toda Tirrenia acude al Lacio en tropel, y durante mucho tiempo se persigue con agitados combates una ardua victoria. Unos y otros aumentan sus fuerzas con aliados del exterior, muchos apoyan a los rútulos y muchos al campamento troyano. Y Eneas no alcanzó en vano el territorio de Evandro[28], pero Vénulo sí se dirigió en vano a la ciudad del prófugo Diomedes.