Metamorfosis
Metamorfosis Cuando los legados regresaron de allí con la noticia de que los etolios[35] les negaban sus huestes, los rútulos acometen sin esos refuerzos la guerra que ya estaba empezada, y mucha sangre es derramada por ambas partes. He aquí que Turno arroja voraces antorchas contra las quillas de pino, y aquéllas que han sido perdonadas por las aguas, ahora han de temer al fuego. Múlciber[36] ya estaba quemando la pez, las ceras y todo lo que podía servir de alimento a las llamas, iba subiendo por los altos mástiles hasta las velas, y los bancos de las cóncavas quillas echaban humo; entonces la sagrada madre de los dioses[37], recordando que aquellos pinos habían sido talados en la cumbre del monte Ida, llenó el aire con un tañido de bronces percutidos y un murmullo de flautas de boj, y transportada por el aire suave por sus leones domesticados, dijo: «¡En vano vas provocando incendios con tu sacrílega diestra, Turno! ¡Yo me llevaré estas partes y miembros de mis bosques, y no toleraré que las consuma el fuego voraz!». Mientras la diosa hablaba sonó un trueno, y después del trueno cayó un fuerte chaparrón acompañado de saltarín granizo, y los hermanos hijos de Astreo[38] turbaron el cielo y el mar y entablaron batalla. Utilizando las fuerzas de uno de ellos, la gran Madre rompió las amarras de cáñamo de la flota frigia, y llevándose de allí a las naves con la proa inclinada hacia adelante, las mandó a pique en alto mar. La madera se ablanda y se transforma en cuerpos: las curvadas popas se convierten en rostros y cabezas, los remos se vuelven dedos y piernas que nadan, lo que eran flancos ahora son costados, las quillas colocadas bajo la línea media de los navíos toman la función de espina dorsal, las velas se tornan blandos cabellos; las vergas, brazos. Su color es azulado, como antes: náyades marinas, ahora agitan con sus juegos de muchachas las mismas aguas que antes temían. Nacidas en los duros montes, habitan el blando mar, y no piensan en su origen; sin embargo, no han olvidado todos los peligros que tuvieron que soportar en el despiadado ponto, y muchas veces colocan sus manos bajo las naves que están a punto de zozobrar, salvo si llevan aqueos. Recordando todavía la derrota frigia, odian a los pelasgos, y con semblante feliz vieron los fragmentos de la nave de Nérito[39], con semblante feliz vieron endurecerse el navío de Alcinoo y transformarse de madera en roca[40].