Metamorfosis
Metamorfosis Hay un lugar en que el Escorpión curva sus brazos describiendo dos arcos iguales, y extiende su cola y sus pinzas, vueltas a uno y otro lado, ocupando el espacio de dos constelaciones. Cuando el muchacho lo vio, exudando negro veneno y amenazando con herirle con el curvado aguijón, un gélido terror paralizó su mente, y soltó las riendas. Al notar que las riendas caen flojas sobre sus grupas, los caballos abandonan el camino: sin nadie que los frene, se encaminan por el aire a regiones desconocidas y corren descontrolados allá por donde los conduce su fogosidad, chocando contra las estrellas enclavadas en las capas más altas y arrastrando el carro por sendas extraviadas. Y tan pronto se dirigen hacia las alturas como se lanzan por abruptas pendientes acercándose a la tierra: la Luna se sorprende de que los caballos de su hermano corran por debajo de los suyos, y las nubes arden desprendiendo humo. Las llamas se apoderan de las partes más altas de la tierra, que se seca y se agrieta, y se vuelve árida, perdiendo su humedad. Los prados se vuelven amarillos, los árboles arden con todo su follaje y las mieses resecas ofrecen fácil pasto a su propia destrucción. Pero me estoy lamentando de los daños menores: grandes ciudades desaparecen con sus murallas, y los incendios convierten en cenizas regiones enteras con todos sus pueblos. Arden el bosque y el monte, arden el Atos y el Tauro, el Cilix y el Tmolo, el Eta, el Ida antes rico en manantiales y entonces reseco, el Helicón donde habitan las musas y el Hemo, en el que aún no reinaba Eagro[17]; arde el inmenso Etna con dos fuegos, y el Parnaso bicúspide junto con el Érix, el Cinto y el Otris, y el Ródope, que por fin iba a verse sin nieve, y el Mimas y el Díndima, el Mícale y el Citerón, nacido para los ritos sagrados. De nada le sirve a la Escitia su frío clima; arde el Cáucaso, arden el Osa y el Pindo, el Olimpo, mayor que ambos; los altos Alpes y el nuboso Apenino.