Metamorfosis
Metamorfosis Cadmo no había hecho más que descender de la cueva de Castalia[4] cuando vio a una novilla que caminaba lentamente, sin que nadie la guardara, y cuya cerviz no mostraba ninguna señal de haber servido al yugo. Se puso tras ella, siguiendo sus huellas paso a paso, y agradeciéndole a Febo en sus adentros que le hubiese mostrado el camino. Ya había dejado atrás los vados del Cefiso y los campos de Pánope: la novilla se detuvo, y volviendo al cielo su frente adornada de largos cuernos hizo estremecer el aire con sus mugidos; luego se volvió a mirar a los que la seguían y se echó en el suelo, tendiendo su costado sobre la blanda hierba. Cadmo dio las gracias y llenó de besos esa tierra extranjera, y saludó a los montes y a los campos desconocidos. Había que ofrecer un sacrificio a Júpiter: Cadmo ordena a sus sirvientes que vayan a buscar agua para las libaciones a un fresco manantial.