Metamorfosis
Metamorfosis Había un viejo bosque que nunca había sido profanado por el hacha, y en medio del bosque había una gruta. Cubierta de espesa maleza y de mimbres, estaba formada por un amasijo de rocas que dibujaban un arco de poca altura, del que fluía un copioso torrente: en ese antro tenía su guarida una serpiente coronada por una cresta de oro, que había sido generada por Marte. El fuego ardía en sus ojos, todo su cuerpo estaba hinchado de veneno, en su boca vibraban tres lenguas, y sus dientes se disponían en tres filas. Cuando los proscritos del pueblo de Tiro[5] hubieron penetrado en el bosque con infausto paso y las vasijas se sumergieron con estrépito en el agua, la serpiente de piel azulada sacó la cabeza desde el fondo de la cueva y emitió un terrorífico silbido. Entonces las vasijas se les cayeron de las manos, la sangre abandonó sus cuerpos y un súbito temblor se apoderó de sus miembros paralizados. Enroscando en flexibles nudos sus espirales de escamas, se comba con un salto dibujando un arco inmenso, e irguiendo en el aire leve más de la mitad de su cuerpo contempla desde arriba todo el bosque, y su cuerpo, si pudieses verlo entero, es tan largo como el de la serpiente que separa la Osa Mayor de la Osa Menor. Sin tardanza se abalanza sobre los fenicios, tanto si preparaban las armas, si preparaban la huida o si el terror les impedía ambas cosas, y a unos los mata de un mordisco, a otros apresándolos entre sus largas espirales, y a otros con la mortal ponzoña de su aliento venenoso.