Metamorfosis
Metamorfosis Mientras Cadmo, victorioso, observaba el tamaño del enemigo derrotado, de repente se oyó una voz (no se entendía de dónde venía, pero se oyó): «¿Qué haces ahí, hijo de Agénor, mirando a la serpiente muerta? También a ti te verán como a una serpiente». Él, aterrado, permaneció largo rato con la mente ausente, ausente el color de su cara, los cabellos erizados por el terror que le helaba la sangre. Y he aquí que Palas, su protectora, llegó descendiendo por el aire desde las alturas, y le ordenó que removiese la tierra y enterrara los dientes de la serpiente, semillas de una generación aún por nacer. Cadmo obedece, y tras abrir un surco con el arado, según lo ordenado, esparce los dientes, semillas humanas, sobre la tierra. Entonces —cuesta creerlo— la tierra empezó a moverse: primero apareció en el surco una fila de lanzas, luego los ondeantes penachos y las decoradas cimeras de los yelmos, y luego fueron brotando los hombros, el pecho, los brazos cargados de armas, y así fue creciendo toda una cosecha de hombres armados de escudos. De la misma forma, cuando se levanta el telón en los teatros en fiesta las figuras van surgiendo desde abajo, y primero muestran la cara, y luego, poco a poco, a medida que los van levantando lentamente, van mostrando lo demás, y en el margen inferior están los pies[6].