El cuarto poder
El cuarto poder —No me da la gana. ¿Queréis dejarme en paz? —les respondió ella en voz baja también, mas con acento iracundo.
—¿No quieres ir? —preguntó don Rosendo con afectada severidad—. ¿No quieres ir?
La niña permaneció inmóvil y silenciosa.
—¡Pues sal de aquà ahora mismo! ¡QuÃtate de mi vista!
Venturita se levantó de la silla, pasó por el medio del concurso erguida y enfurruñada, y salió de la sala dando un gran portazo.
Don Rosendo, después de permanecer un momento inmóvil con los ojos puestos en la puerta por donde su hija habÃa salido, volviose diciendo:
—Siento mucho estar tan fuerte con mis hijas… pero algunas veces no hay más remedio.