El cuarto poder

El cuarto poder

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Don Rufo (médico titular de la villa), después de haberse defendido un poco, fue subido en vilo también. Y por el mismo sencillo mecanismo pasaron al escenario otros cinco o seis señores. Cada ascensión era saludada con una salva de aplausos y un murmullo de complacencia por el benévolo concurso. El ayudante vio a Gabino Maza sentado en una butaca cerca de la pared, y le gritó con alegría:

—¡Gabino, no te había visto…! Vamos, hombre, ven acá.

—Estoy bien aquí —respondió con sequedad el bilioso exoficial de la Armada.

—¿Quieres que baje por ti?

Maza contestó en voz baja:

—No hace falta.

Los que estaban a su lado hicieron lo que con los demás.

—Vaya, don Gabino, arriba. No sea usted perezoso. Hombres como usted son los que deben estar allí. ¡No faltaba más que usted no subiese!

Y trataban al mismo tiempo de levantarle. Mas fueron inútiles todas las instancias. Maza se empeñó en permanecer en la butaca con una insistencia orgullosa que acobardó a los que le excitaban a subir. Álvaro Peña bajó entonces por él; pero después de una brega larga tuvo que retirarse desairado.


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