El cuarto poder
El cuarto poder De la gloriosa aparición de «El Faro de Sarrió» en el Estadio de la Prensa.— Primeros fuegos de la Batalla del Pensamiento.
Una nueva y clara luz amanecía sobre Sarrió, después de tantas tinieblas. Por la merced y gracia singular de Dios, hallose la hermosa villa provista, cuando menos lo pensaba, de un órgano en la prensa, siquiera fuese semanal o «hebdomadario», según decía su ilustre fundador. Graves obstáculos, escollos peligrosos se oponían a la realización de la empresa. Todos supo vencerlos y evitarlos la perseverancia y el genio del hombre extraordinario que la tomara a su cargo. La primera dificultad vencida fue la del dinero. Se crearon cincuenta acciones de mil reales cada una, para el sostenimiento del periódico, de las cuales los amigos de don Rosendo solo tomaron nueve; don Rudesindo cinco, don Feliciano dos y don Pedro Miranda, a pesar de su cuantiosa renta, otras dos nada más. En cuanto a los otros, Álvaro Peña, don Rufo, Navarro, etcétera, se disculparon con su falta de recursos, y no les faltaba razón. Además, ponían en el negocio su inteligencia, que es lo principal. Quedose con las cuarenta y una restantes, don Rosendo. Grandeza singular de ánimo que causó excelente impresión en todos.