El cuarto poder
El cuarto poder El título fue uno de los puntos en que mejor se mostró el gallardo ingenio e invención de don Rosendo. Intitulolo El Faro de Sarrió, nombre altamente expresivo y sonoro, y de alcance singular, por cuanto no otra cosa se proponía su fundador que esclarecer a su pueblo y darle esplendor. Secretamente encargó a Madrid un grabado para la cabeza del periódico. Al llegar pocos días después, causó espasmos de alegría, tanto entre los accionistas como entre todos los que tuvieron la fortuna de verlo. Representaba un puerto de mar, Sarrió al parecer, en las altas horas de la noche, a juzgar por las negras tintas del cielo y el mar. A la izquierda se elevaba una altísima montaña ideal que lo dominaba enteramente, y sobre ella se veía un caballero que guardaba cierto parecido lejano con don Rosendo, dirigiendo los fuegos de una inmensa linterna sobre la villa. Cerca de él percibíanse las cabezas de otros cuantos personajes. Los accionistas creyeron de buena fe que eran sus efigies, y quedaron vivamente agradecidos al dibujante.