El cuarto poder
El cuarto poder Fue designado como local para la imprenta un almacén de don Rudesindo, pagándole la renta, por supuesto. A la redacción se destinó en el mismo local un compartimiento, para lo cual hubo que ejecutar algunas obras. Montose al fin la imprenta, no sin muchos e impensados gastos. Folgueras, que decía estar provisto de todo lo necesario, no tenía nada, y fue preciso encargar a Madrid fundiciones y piezas que faltaban a la prensa, construir galerines, comprar mesas, etcétera, etcétera. Al fin todo quedó arreglado. Don Rosendo trabajaba, como un negro, ocupándose hasta en los más ínfimos pormenores. Su talento organizador se reveló en esta ocasión mejor que nunca. Se nombró redactor en jefe a Sinforoso Suárez, con un sueldo de veinticinco duros mensuales, y administrador al hijo primero de don Rufo.