El cuarto poder
El cuarto poder Cecilia se habÃa quedado inmóvil, pálida, con los ojos clavados en la escena. Su madre y hermana la miraban en tanto con semblante risueño.
—¿Por qué me miráis de ese modo? —exclamó volviéndose de pronto. Y al decir esto se puso fuertemente colorada.
Doña Paula y Venturita soltaron una carcajada.