El cuarto poder
El cuarto poder De la entrada famosa que hizo en Sarrió el duque de Tornos, conde de Buenavista
El señor Anselmo, jefe de la banda de música de Sarrió, vino a participar al presidente de la Academia que el alcalde le habÃa amenazado con suprimir la subvención de la orquesta, si aquella tarde iban a la romerÃa de San Antonio.
—¿Cómo es eso? —preguntó don Mateo incorporándose en el lecho en que aún yacÃa, y echando mano a las gafas que tenÃa sobre la mesa de noche—. ¿Suprimir? ¿Por qué la han de suprimir?
—No lo sé. Asà me lo ha enviado a decir por Próspero.
—¿Pero a él qué le importa que la música vaya a San Antonio? —profirió con acento irritado.
—Creo que es porque hoy llega un señor a casa de don Rosendo… y como la carretera atraviesa la romerÃa…
—Ah, sÃ, el duque de Tornos… ¿Pero qué tiene que ver…? ¡Vamos, están locos…! Mira, déjame un momento; voy a vestirme, y veré a Maza. Creo que lo arreglaremos. Déjame.
Despejó el señor Anselmo la estancia, y, con más premura de lo que pudiera esperarse de sus años y achaques, aderezose don Mateo para salir. Su esposa y su hija estaban, como de costumbre, en la iglesia. Pidió el desayuno.