El cuarto poder
El cuarto poder Pero antes de llegar a la puerta se volvió, y algo acortado preguntó a la doméstica:
—¿Hay pan por ah�
—No ha venido aún la panadera. Si quiere de lo mÃo… —respondió la muchacha sonriendo.
—Bueno; a ver ese pan tuyo.
Se fue a la cocina. La criada levantó la tapa de la masera, y don Mateo sacó un medio pan de centeno, bastante negro.
—Este pan moreno en otro tiempo no me disgustaba —dijo cortando un pedazo—. ¡Viva la gente morena! —añadió paseando por la boca un bocado de miga, pues con la corteza hacÃa años que no se atrevÃa.
La criada se reÃa sorprendida de aquel buen humor.
—Es más sabroso que el nuestro. Si no fuera que ya está un poco duro…
Se sacudió las migajas con la mano, volvió a arreglarse las gafas y después de beber un trago de agua porque también el vino estaba cerrado, se partió en dirección al ayuntamiento. El reloj del edificio señalaba las diez. Atravesó el soportal de arcos, subió la vasta escalera de piedra y al llegar a los corredores donde habÃa más de un dedo de polvo sobre el entarimado, preguntó a Marcones, que le salió al encuentro, por don Gabino.
—El señor alcalde está en sesión.