El cuarto poder

El cuarto poder

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Cuando el prócer terminó al fin su monólogo, hubo unos instantes de silencio. Después, como si recordase una omisión cometida, principió a enterarse con benévola y afectada atención, de los asuntos de sus comensales.

El señor don Rufo Pedrosa era médico, ¿verdad? El ejercicio de la medicina es penoso, sobre todo en provincias, donde no obtiene por regla general la merecida recompensa. El señor Peña, marino, ¿no es eso? Oh, el cuerpo de la armada, siempre ha sido brillante. Lástima que no corresponda nuestro material de guerra al valor y a la pericia de los oficiales. ¿Corren mucho las escalas? ¿Da mucho que hacer la dirección de un puerto? Pensaba presentar en el Senado una moción, pidiendo la construcción de dos acorazados. ¿Y Pablito, se divertía mucho en Sarrió? ¿Qué recursos ofrecía aquella villa a los jóvenes? ¿Había estado en Madrid? Era aficionado a los caballos. ¡Ah!, la equitación, un gran ejercicio. El Duque comprendía muy bien aquella afición. ¿Los caballos que tenía, eran del país o extranjeros…?





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