El cuarto poder
El cuarto poder —Abuelita, dame un chocho —dijo la niña interrumpiéndoles.
—No tengo, hija mÃa… ¿Tienes algún caramelo, Ventura?
—No.
—Tene Jame que está aquÃ.
Venturita se puso horriblemente pálida.
—¿Qué Jame, niña? —preguntó doña Paula.
—Nada, nada, cualquier tonterÃa… ¿Conque te han probado bien las pÃldoras…? Si don Rufo, por más que digan, entiende… ¡Vaya si entiende! —se apresuró a decir Ventura con voz temblorosa, la faz tan descompuesta, que su madre la miró sorprendida.
—Jame está aquÃ… Tene chocho… Ven, abuelita.
La niña tiró del vestido a la señora. Esta, pálida ya también, adivinando vagamente algo terrible, se dejó arrastrar sin saber lo que hacÃa.
—¡Cecilia! —gritó Ventura con una voz extraña que jamás le habÃa oÃdo su madre.
Pero la niña no hizo caso. Siguió arrastrando a su abuela hacia la alcoba. Antes de llegar a la puerta, se presentó en ella el duque de Tornos.
Doña Paula, ante aquella repentina aparición, se quedó un instante clavada al suelo, el rostro blanco y aterrado, la mirada atónita. Después cayó pesadamente al suelo, arrastrando en la caÃda a su nieta.