El cuarto poder
El cuarto poder Su marido la detuvo al tiempo de salir, y la dijo en voz baja:
—No digas palabras feas. Procura estar prudente… El infame es él, que se ha aprovechado de su estancia en nuestra casa… ¡Qué miserable!
Ventura salió del cuarto y se dirigió al de su hermana temblando de susto. La heroica joven, cuando aquella abrió la puerta, estaba en pie en medio de la habitación, con los brazos caÃdos y la vista fija en el suelo. Ventura cerró la puerta cuidadosamente, y se dirigió a abrazarla, murmurando con voz trémula:
—¡Oh hermana mÃa, gracias, gracias!
Pero Cecilia la rechazó brutalmente con un gesto de orgulloso desprecio, exclamando:
—¡Lo he hecho por él; no por ti!