El cuarto poder
El cuarto poder —No, no, yo no quiero ir a casa del cura. Puede volver pronto, y el cura no puede defenderme de él… Es un pobre viejo… Quiero ir a Sarrió.
—¿Pero, señorita, a Sarrió a estas horas y lloviendo?
—¿No hay ningún carruaje?
—Hay la berlina; pero faltan los caballos… Aguarde usted un poco, voy a ponerle las varas, y engancharemos la jaca del señorito Pablo… No respondo de que tire.
—¡De prisa, de prisa!