El cuarto poder
El cuarto poder En que da fin la presente historia con algunos notables, cuanto tristes sucesos
Ventura, asà que vio desaparecer a su esposo por el balcón, se vistió apresuradamente. Salió del cuarto en busca de algún criado. Justamente llegaba PachÃn, con una luz en la mano, con la faz descompuesta.
—El señorito va corriendo detrás del señor Duque por la huerta —dijo, con voz apenas perceptible.
—¿Lo alcanzará? —preguntó la infiel esposa, muy pálida, aunque repuesta ya bastante del susto.
—No lo creo. El señor Duque tiene el caballo amarrado al lagar de Antón. Lleva delantera para poder montar, y entonces imposible seguirle.
—¿Dónde me escondo yo? Si vuelve, me mata.
—Lo mejor serÃa salir de casa, señorita… Venga conmigo.
La joven le siguió al través de los pasillos. Bajaron la escalera de servicio, y salieron por la puerta de la cocina. PachÃn querÃa llevarla a casa del párroco, que la tenÃa no muy lejos de la posesión. Cuando salieron al jardÃn, vieron venir corriendo a Gonzalo hacia la casa. Solo tuvieron el tiempo preciso para esconderse detrás de la washingtonia próxima al comedor. Desde allà le vieron entrar en la cuadra, sacar el caballo y partir a escape. Ventura creyó morir de miedo.