El cuarto poder

El cuarto poder

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Don Melchor tenía, en efecto, la costumbre de tomarlo en el Saloncillo. Este era un aposento del piso principal de aquella casa, que tenía comunicación con el café por medio de una escalerilla de hierro. Por ella subieron al cabo tío y sobrino. Ya estaban reunidos los notables del pueblo, sentados en un diván corrido, con sendas mesillas japonesas delante, donde cada cual tomaba su café. Por una de las puertas, que generalmente estaba abierta, se veía la sala de billar donde jugaban siempre las mismas personas rodeadas de los mismos mirones.

Cuando don Melchor y su sobrino entraron, se hablaba de un proyecto de mercado cubierto para preservar de la intemperie a las pobres mujeres que vendían al raso legumbres y leche. Y Gonzalo recordó que en cierta ocasión que subió a buscar a su tío antes de irse a Inglaterra, se estaba debatiendo el mismo asunto. Los temas variaban poco en aquella asamblea. La existencia de la villa se deslizaba tranquila y serena en medio del trabajo cotidiano. Los únicos acontecimientos que sacudían de vez en cuando su letargo, eran la entrada o salida de cualquier barco importante, la muerte de una persona conocida, una letra protestada, el empedrado de algunas calles, la avería de algún cargamento, el alijo de un contrabando, la limpieza del muelle…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker