La aldea perdida

La aldea perdida

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¡Siempre, siempre! —dijo Firmo con ímpetu. —En la romería del Obellayo se acurrucó en una mata de zarza y allí se estuvo mientras hubo palos. Ayer noche, al comenzar la gresca, buscó la puerta de su casa y se trancó. Y hoy, antes que le alcanzara ningún vardascazo, se echó por el castañar arriba, camino de las Llanas, para venir ahora.

—¿Y cómo diste con él?

—Llegábamos unos cuantos amigos de correr á los de Villoria, cuando vimos un mozo saltar al camino delante de nosotros. «Así Dios me salve si aquél no es Bartolo», dije yo en seguida. Le conocí, aunque la noche no está muy clara, por lo derrengado. Me echo á correr detrás y le grito: «¡Aguarda, aguarda un poco, Bartolo!». ¡Ay, amigos! ¡Quién le veía escapar por el prado del señor cura abajo!… Bien podéis creerme que perdía el culo.

—Todo no, pero un poco no le vendría mal perderlo —aseguró un paisano.

—Sí; aún le quedaría bastante —replicó Firmo.

—Pero yo no puedo creer que Bartolo se esconda, ¡vamos! —dijo otro, recalcando el chiste de Martinán.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker