La aldea perdida
La aldea perdida 
La hija del capitán
L capitán paseaba de un ángulo á otro por el vasto salón de su casa en la mañana siguiente. Andaba encorvado y á paso lento. Alguna vez se detenÃa frente al retrato al óleo de su hija MarÃa. Un artista famoso que viajaba por Asturias lo habÃa pintado el año anterior. Lo contemplaba con atención anhelante algunos instantes, se llevaba el pañuelo á los ojos y proseguÃa su paseo.
D.ª Robustiana entreabrió la puerta y asomó tÃmidamente la cabeza.
—Señor, ahà abajo está Flora que viene á darle el pésame.
D. Félix se estremeció, echó una rápida mirada de angustia al retrato de su hija y después de una pausa dijo con voz insegura:
—No puedo… DÃgale usted que no puedo recibirla ahora… Que venga otro dÃa.
El ama de gobierno retiró su cabeza y bajó para trasmitir la nada grata respuesta. El capitán siguió midiendo el salón tristemente.
