La aldea perdida
La aldea perdida Después de largo vacilar Demetria se resolvió al cabo. Pretextando una necesidad urgente salió del salón. Se dirigió á uno de los criados que habÃa en la antesala y le dijo:
—Deme usted el abrigo.
—¿Va á salir la señorita?
—SÃ; voy á casa.
—Pepe —volvió á decir el criado dirigiéndose á otro, —enciende un farol y acompaña á la señorita.
—Es inútil —repuso ésta con la presencia de espÃritu que caracteriza á las niñas enamoradas en los momentos más difÃciles. —Mi criado debe aguardar en el portal porque tenÃa orden para ello… Venga usted, sin embargo, á ver…
El doméstico la siguió por la escalera y adelantándose luego abrió la puerta de la calle.
—Verdad es… Aquà aguarda —manifestó divisando la silueta de Nolo.
—RetÃrese usted… muchas gracias… adiós —se apresuró á decir ella.
El criado cerró la puerta. Demetria avanzó por el portal y salió á la calle, pasando por delante de Nolo sin dirigirle la palabra. Éste la siguió, emparejándose con ella.
—¿Dónde está el caballo?