La aldea perdida
La aldea perdida Y sin que el mancebo pudiera evitarlo porque estaba mirando á otro lado se dejó caer hacia atrás en medio del rÃo. La corriente la arrastró velozmente. Nolo se precipitó en pos de ella. Flora gritaba y querÃa arrojarse igualmente, pero el barquero la retuvo.
La corriente en aquel sitio, aunque viva, no era impetuosa. Nolo nadaba con todas sus fuerzas para alcanzar á su amada antes que llegase al sitio donde el rÃo se precipitaba en torbellino semejante á una cascada. En efecto, la alcanzó; pero al tocarla con la mano ya no pudo sostenerse él mismo y ambos rodaron envueltos entre las rugientes espumas del agua. Felizmente Nolo no perdió el conocimiento. Cuando llegaron á otro remanso pudo á costa de grandes esfuerzos acercarse á la orilla y asirse de la rama de un árbol, teniendo sujeta á Demetria con la otra mano.
La sacó del agua sin sentido y la dejó sobre el césped esperando á que llegasen Flora y el barquero. Pero antes que esto acaeciese Demetria abrió los ojos y dibujándose en ellos una sonrisa triste dijo:
—¿Me crees ahora, Nolo?
—Te creo, Demetria.
Y por primera vez el mozo de la Braña estampó un tierno beso en su rostro de azucena.
