Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía La respuesta fue inmediata: —No es caridad, es justicia. Si Cristo caminó entre los humildes, ¿cómo podemos nosotros alejarnos de ellos?
El desafío de una Iglesia cercana a la gente no era solo una cuestión teórica, sino una lucha práctica. Había quienes creían en una institución que debía mantenerse al margen de los problemas sociales, enfocada solo en el culto. Pero había otros que sentían que la fe debía traducirse en acción.
El trabajo en barrios populares, la cercanía con los marginados, la denuncia de las injusticias, todo eso generó tensiones. No faltaron las críticas, los intentos de frenar una visión de la Iglesia que rompía con ciertas comodidades establecidas.
Cuando llegó el momento de asumir cargos de mayor responsabilidad, las resistencias se hicieron más evidentes. Algunos lo veían como un pastor incómodo, demasiado directo, demasiado enfocado en los pobres, en los descartados de la sociedad.
En una conversación privada, un obispo le advirtió con tono paternalista: —Hay que saber moverse con prudencia. No siempre es bueno incomodar.
Pero la respuesta fue clara: —El Evangelio nunca fue cómodo.