Esperanza. La autobiografía
Esperanza. La autobiografía El día en que partieron, esperaron su turno en la fila de tercera clase. Primero subieron los de primera, con sus baúles bien acomodados. Luego, los de segunda. Finalmente, llegó el momento de los que viajaban con lo mínimo. El puerto quedó atrás. Las últimas luces de la Linterna de Génova se desvanecieron en el horizonte. Ya no habría regreso.
El barco avanzó por el Atlántico durante dos semanas. El mar era inmenso, y las noches traían el recuerdo de aquellos que no habían llegado.
—¿Cómo será la Argentina? —preguntó Mario, el joven contador, al mirar el agua.
—Un sitio donde trabajar —respondió su madre, con la voz firme—. Y donde vivir con dignidad.
Cuando desembarcaron en Buenos Aires, el calor era sofocante. Entre la multitud de inmigrantes, los Bergoglio fueron registrados como “inmigrantes de ultramar”. A partir de ese momento, todo dependía de ellos. Encontrar trabajo, un hogar, un lugar en una tierra que no los esperaba, pero en la que tendrían que echar raíces.
En aquellos años, el éxodo de italianos hacia América era masivo. Artesanos, campesinos, jornaleros, herreros, zapateros, cocineros. Cada uno con su historia, con su equipaje de sueños y miedos. Algunos regresaban a su país tras ahorrar un poco. Otros nunca volvían.
